Ya pronto, en vísperas musicales me desnudare de mañana, en este instante exacto.
En la tarde, mirando la amplia ventana que me recibe, cavilo sobre tus ojos, estornudo y bebo agua fría.
Regreso de la exuberancia con una ala rota, pero la curiosidad intacta, como también la cajita donde guardo el alma y los recuerdos.
Ilumino la casa.
Como nueces y hago ruido.
No cedo ni horizonte ni montaña.
Visito mi arañita, la de la claraboya del baño, le hablo de vos, y ella, complice, se mece suavemente, cortando minusculamente los rayos de sol que la despeinan.
Me dibujo, me pregunto y pienso en la pregunta que me dibuja en blanco.
Insulto desmedidamente al Domingo y estallo locamente de risa.
Hoy me guardo todos los secretos, un color intenso y una bienvenida, las despedidas para después, total abundan y no avisan su mueca.
La ruta me provoca mientras avanza el reloj en la pared, yo solo me dejo llevar por los aromas de la casa y las puertas ya no me toman examen, ya hace rato no calculo los temores y las probabilidades, lo que pase me encontrara sintiendo limpio y llano.
Todo. A temperatura ambiente siento, todo.
Espero rojo al invierno, sobre mis presunciones y pentagramas de fin de año.
Me susurro una canción, y pienso que dirías, si yo le pusiese un moño, y así, como digo estas cosas, te digo, "ey, es tuya" has lo que quieras con ella, conmigo ya hizo lo suficiente, además, ya te dije, es tuya, y me dejo la sonrisa encendida.
Vuelvo a las nueces, ahora, ya en silencio, pero con ruidos de magia por venir.
Mi guitarra sobre el sillón duerme y me sueña en acordes, lo se, la podría reconocer aun en el vientre del bosque, cuando crecia quien sabe a donde.
Nació mía, como tu.
Aunque ni tu ni ella lo sepan, tarde o temprano nos reconoceremos, es magia, y es fe, y es sortilegio si lo ves en el cielo.
Yo lo veo.
Mira:







