jueves 9 de julio de 2009

LA GARGOLA.-


"Circúndate de rosas, ama, bebe.
Y calla.
El resto es nada."
Fernando Pessoa.-

Duerme sobre los techos,
y bebe estrellas de fino whisky escoces,
no hace preguntas ni espera respuestas,
solo permanece en su largo tormento de no conciliar los recuerdos, sostenida y bemol, su voluntad de piedra, en su amnesia quieta, en su ansiedad inmoral.
Desde las alturas (ella) se observa alerta del mundo subterráneo que crispa su lengua.
Los perros del Diablo ladran su espera, y las brujas del cielo no ofrecen carcajadas huecas, ni silueta negra en la luna para dibujar;
la noche se luce en su reflejo nocturno, vestida elegante de bruma plateada, con su tregua de sol entre los dientes, su caricia dormida antes del despertar.
Alguien, en la penumbra, enciende un cigarro, y otro con un clavo en la palma grita (religión), una fila de vasos se marcha a la guerra, y todas las puertas abren su dolor; la sal se derrama, el mar baila en paz, se cierra la lluvia sobre el horizonte.
Todas las horas sujetan sus alas, el tiempo y el mundo rompen el cristal que aqueja la ausencia.
Caída libre
(su vuelo final),
beso kamikaze,
(ahí van los romanos bajando el pulgar),
¿quien juega el jueguito de decir la verdad?.
¿quien duerme la risa?

lunes 6 de julio de 2009

POSTAL ABIERTA.-

A María Ofelia, sus hijos
(y el que te regalaba flores también).

Buscaba en los cajones retazos de libros felices, para cubrirme esta noche,
tras el beso niño y nocturno de antaño, jugaba a mirarte y hacías como que no veías,
(para que ría como un loco),
a carcajadas el llanto,
y luego, mucho después, milenios antes de ayer soñaba tus tijeras mágicas recortando abecedarios y enseñándome a leer,
(leerte en silencio para decirnos mejor),
y la merienda era el mundo, y la guerra un soldado de plástico verde librando la siesta del inmenso patio.
Y hoy, en el teléfono te escuchaba reír y decirme cuantos decís que tengo?
Y reímos los dos otra vez.
Y tu nombre de Ofelia sin Shekespeare ni drama, y tu María de luz y dos hijos y un hombre, y tus manos de seda tejiendo libres mariposas y tu pelo de oro encaracolado, y tus ojos castaños, tus tres hombres te honran, el que duerme, el que baila y el que no sabe cantar.
A tu risa sin mar ni montañas, el sol, tu sol, el nuestro.
Felices 60 y propina, a tu invierno que nunca supo nevar.
Cariños mamuchi.
Tus hijos.-

domingo 5 de julio de 2009

SAMURAI.-


Duermen los cementerios del mundo sus sueños muertos, y la oscuridad hace días se ha ido por la calle angosta hacia donde espera su negra espera, su hora muda.
Baila su danza el viento lejos de aquí; un milenario instante como saeta dibuja un suspiro sacrosanto atravesando la siesta.
A lo lejos se reagrupan tormentas que no dan por perdido sus truenos, pero cedieron su lluvia cuando la sed presento su feroz batalla.
El campo despierta empapado en rocío con ecos de voces queridas, restos de luz, una sombra al revés, un mirar transparente en la mirada matinal y tibia.
El fuego en las manos, el agua en los pies, la tierra girando su tiempo, el aire en el aire, la escena es un detalle prosódico entre tanta falaz palabra.
Un sol proverbial se diluye en el azul y estalla dando paso al llanto del cielo, luciendo la intensidad de su espada de brillo.
Soy un samurai en el inmenso silencio de la tarde,
meditando,
meditadolo todo;
soy algo quieto en la inquietante teatralidad de la vida.

jueves 2 de julio de 2009

LOS VIVOS.-


"La noche entera con un hacha me ha golpeado el dolor, pero el sueño pasó lavando con agua oscura piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo te levanto, vida, sobre mis hombros."

Fragmento del poema Oda a la vida, del libro, Odas elmentales de Pablo Neruda.-

La cacerola humeando una sopa de antaño soy esta noche, y soy la mesa en silencio y la música que tienen todas las cosas del Universo, me vuelvo mi propio alimento, y mastico preguntas entregado a quehaceres que representan el pulso y el trazo simplón de un día cualquiera.
Entonces descubro mi descanso del mundo,
descubro mis pies en el mundo
y denuncio un tiempo traidor y olvido al fantasma de los labios ausentes.
Olvido mi nariz asesina respirando calambres.
Y soy la sonrisa de este minuto sencillo.
Y me digo: estoy vivo.
Y soy mi ventana, y tengo la amabilidad de mi puerta; los dos bolsillos desiertos, la mirada de estreno.
Entonces vuelvo a la guitarra como vuelve la lluvia que trae esperanza.
Y soy mi esperanza, y me pongo a salvo de la guerra en la esquina, de la muerte en el timbre, del cancer inmundo que mata y que mata sin siquiera una mueca; el desden del invierno es una indiferencia.
Y sonrío y soy la cacerola, y luego una hornalla de fuego celeste, y después soy escoba que barre tristezas, y entro a la vida y salgo a la risa. .
Y río.
Y río.
Y me desbordo de risa, inundo la casa, desafilo mis dientes y desenfundo la luna.
Cambio cortina y silencio, intercambio opinión con las sillas y cruzo la puerta como un tigre de cuentos, y en un chasquido de dedos soy un perro ladradando mis penas.
Y sonrío, y no soy del bien ni del mal, ni de la mujer que de lejos quien sabe, ni del diablo que cerca quien sabe, ni de dios que en todos lados no puede, entonces respiro profundo y me miro, y digo: hoy soy de los vivos.
Sonrío y cocino mi dicha con dos pizcas de sal, y corazón a gusto.

miércoles 1 de julio de 2009

LOS MUERTOS.-

"Cuando los oídos encallaron ciegos:
el ojo donde miro tu mirar recogió la voz que era de nadie.
Por su sordera le crecieron manos, para palpar el aire de su sonido huérfano.
Tu coraje regó la carencia y asedió mi brisa en el limo del espanto.
Ahora,
la belleza es un silencio latiendo el rostro".

Versos pertenecientes al poema "LIMO", del libro de poemas,
Grieta de penumbra.-
Carlos Ruta.-

Una interrogante de frío y lujoso mármol ostentaba la escena,
las paredes pálidas, las puertas duras como una puerta,
pestañeaban
de una nada a otra nada sin cerrar sus ojos de madera oscura.
Entonces los muertos con sus ideas muertas, jugaban su mano de mala muerte.
Entonces la lluvia llovía con resignación de lluvia,
y la tarde caía, como suele caer la tarde,
y la noche era una hiena con humor de perro muerto de hambre, una excusa voraz.
La sombra, a la sombra de un lobo se jugaba su sombra, y una docena de cruces sobre un libro inmortal, agua maldita sobre palabras de fe verdadera, mutilaban su destino sincero.
Una ansiedad en do mayor regia la orquesta.
Entonces los muertos afinaban sus instrumentos muertos, y sonaban muertos y armónicos.
Y descarrilaba un río y en él se hundía un tren vacío. Un barco obstruía ventanas y no se salvaban ni mujeres ni niños, ni ventanas ni calles.
La escena era real.
Mas o menos somos todos resina de la misma tristeza, la sutil variación son los espejos, y el vidrio y el reflejo en el aire.
Y se oían pasos.
Se oían los filos del viento contra la carne, el viento en las manos ventosas con dedos desiertos.
Y el sol era una ausencia, una esperanza rota sobre la acera.
Y alguien venia y renunciaba a la risa.
Y todos se iban sin ir a ningún lado.
Entonces los muertos preguntaban la hora, y un reloj muerto ejecutaba sordas campanas de bronce.
Puntualidad que le dicen de brillo barato.
Y yo recogía tu nombre de la escena en oferta,
y te daba un color
quebrando voluntad y hastío,
y orientaba mis pasos hacia donde estoy a salvo de todo,
hacia mi adentro me iba con tu nombre sanando.
Y los muertos morían mientras me alejaba contigo.-

domingo 28 de junio de 2009

EL CENSOR.-

A Santiago Zambianchi, valiente y poeta, hombre buscando la palabra justa.-
Porque tengo la seria certeza que cuando escribís te juegas la vida.-
Por el arte independiente, acá estamos.

Se asoma, con la cabeza hueca y el corazón vacío, el prolijo censor, correcto, eficaz, y suspira alambres y siembra sombras; trae las manos muertas y tijeras oxidadas ansiosas de elocuencia complice, de sinónimos cobardes preservando la obviedad mas oscura y predecible.
Entonces ejecutan su discurso absurdo, su mediocridad autorizada, su espanto a la carta.
Y la poesía resiste, y arriesga su identidad, la palabra, la lengua y los detalles.
Y da un paso, y no retrocede un verso.
Entonces le ponen precio, la quieren sobornar, provocan la mueca boba y ríen con un terrible gesto incapaz; y la poesía ilesa se proclama, y respira, y se impone y arrasa con la sugerencia frágil de lo plástico, del interés despiadado de los anhelos monos de la monada, de sus deseos pobres, miserables, de la inquietud de rebaño muerto, pero escapa, y se eleva y deja atrás las traiciones irreversibles del poder estéril, de la traición solapada del imbécil.
Entonces la poesía lucha, callada, incubando el grito rebelde y la constante costumbre de resistir y resistir, y a fuerza de acción se impone, a puro verbo, y así nos involucra y nos pertenece, y generosa de luz nos autoriza la intención clandestina, la espera sublevada, y propone una ráfaga de amnesia a la muerte, la mata de irreprochable olvido, y dice destierro, patria, corazón, invierno, reloj, esperanza, y así yo la nombro y la llamo vida.
No puede el censor con la verdad, fracasa.

miércoles 24 de junio de 2009

ORACION SENDERO.-

Si supiera que decir, yo juro que lo diria...

Entonces seriamente pensé en doce dragones,
así cerré mis ojos y vi constelaciones enteras bajo un fuego azul y briznas de centellas,
queme las naves sobre un mar desierto,
sin islas a babor, horizontes desmedidos, truanes o tesoros entre miel y terciopelos.
Así me fui sin vos con el sendero, (sin ver Roma), ni mirar el cielo;
a contraveneno la razón, las promesas rotas, el argumento, las cenizas del tiempo y los amarillos huesos;
a la suerte le ofrecí mi suerte y mis pasos largos buscando el camino.
Así, nuevamente pensé en doce dragones, (en un desvelo eterno), en solitarios corazones buscando el fuego azul,
así apure respiración, llanto y la pesadilla breve, y vi de rojo al cielo, y blancas paredes sedientas de ventanas, lluvia y fiebre.
Y dije libertad
¿de que estas hecha?
Y todo se detuvo, preciso, puntual como el próximo olvido;
Y dije soledad
¿quien en mi nombre te reclama?
Asi enmende las velas, y a estribor las heridas, los descuidos y la pena;
el corazón ondeaba alto, y la vida era un instante pleno,
la decepción hielo en el hielo, la muerte un hasta luego repetido.
Una premonicion de astillas arde sobre la cruz de cualquier beso.
Rece por mi risa, y por los ojos que te vean (no los sentencie su luz),
y eleve mi última plegaria a todos los extremos; al faro tuerto que se duerme hoy en el sueño,
así me fui, un gregario día de Junio, sin maldecir ni voz de trueno, sin humores rancios ni pañuelos, con fe a fuerza de fe, con miedo ensimismado, con la sombra de mi sombra de sombrero,
sin espejos, con pan y con recuerdos de oro y sangre,
pidiendo por lo bajo,
que te pierdan los senderos,
(esos que me pierden, donde te perdi primero).