Al queridisimo Walter, nuevamente gracias por la paz y la belleza.
Entendí que las estrellas no son mías, y que bajo la noche oscura y lluviosa, sin dilema alguno, pude pasear mi sombra, pensando, con una fabulosa sonrisa, seriamente en tu luz.
Entendí que los infames serán siempre infames, y nada mas que eso.
Infamia traen, infamia les sobra, infamia y nada mas.
Nunca serán otra cosa que olvido.
Y aquí estoy yo y los mios para olvidarlos sin concesiones ni pretextos.
Entendí tranquilamente, que tranquilo, (tan tranquilo) me alejo del oxido de los oxidados, y me voy por allí, liviano, como brisa húmeda, como energía total en el aire, luego de una brava tormenta.
Nada me alcanzo mas que tu figura, que imagino, me recorre y me cura de lo que no estoy tan enfermo aun.
Virtud elemental de tus manos.
Ejemplo contundente de tus ojos.
Señal inconfundible y cardinal.
Estoy aquí, y aquí me vine, y aquí me quedo aunque me voy de aquí.
(una y otra vez)
Quedandome en mi, soy un poco yo.
Me quedo hoy en el alma,
¿o me voy hacia la tuya mujer en el eter?
Entendí que no entendieron, y entenderé yo, que jamas querré entenderlos.
Barro tal vez, nosotros.
Ellos seguro, mal augurio.
AQUÍ Luis, para protegernos de todo mal.
Lejos de tanto, cerca de mi
(Y SIN ENTERDER PORQUE TAN LEJOS TUYO).


